lunes, 28 de agosto de 2023

La tienda de magia el primer encuentro.

 

Capítulo 4: una nueva realidad.

Yo quería creer que todo esto era un horrible sueño, pero mis sentidos me traicionaban en este caso, yo mismo podía ver como aparentemente ahora yo era una mujer y no una muy agraciada que digamos, mi cuerpo se sentía pesado, la piel me colgaba en varios puntos incluyendo mi pecho el cual ahora era bastante voluminoso.

Pero esa no era la única diferencia, también estaba mi visión, que ahora era borrosa tenía que forzar la vista para enfocar con claridad y aun cuando lo hacía ahora veía mi nariz entre mis ojos, tiempo después me enteraría de por qué era esto, parece ser que el cerebro está acostumbrado a ignorar algunas cosas, parece ser que la nariz siempre está a la vista de nosotros, pero el cerebro la ignora, ahora sin embargo mi nariz era mucho más grande y mi cerebro no estaba habituado a ignorarla así que la veía continuamente.

 

De igual modo, sentía un repugnante sabor en mi boca, la razón de esto era básicamente la misma, todas las personas tenemos un determinado grupo de bacterias en la boca que nos dan el mal aliento, pero nuestro cerebro también lo ignora, ahora en mi caso estas bacterias eran diferentes de las habituales y mi cerebro no estaba habituado a ignorar el sabor, así que sentía todo el tiempo un sabor horrible en la boca el cual no dejaría de sentir en mucho tiempo sin importar que tanto me cepillara los dientes.

Finalmente, también sentía un olor constante a pegamento, este se debía a lo mismo, aparentemente la mucosidad de la nariz tiene un olor especifico, el cual en mi caso también había cambiado. 

En fin… continuando con lo que decía, me encontraba en la cama, con todo este peso extra, intente levantarme, pero con mi cuerpo mi centro de gravedad había cambiado, era más bajo y más pesado y debido a esto el levantarme y caminar me era imposible en ese momento, era como un enorme bebe que debía aprender a caminar nuevamente.

Así que incapaz de caminar intenté gatear y de inmediato percibí como la mi nueva barriga se colgaba justo debajo de mi vientre junto con mis voluminosas nuevas tetas.

 

Yo que siempre había sido un chico en buena forma no estaba habituado a esto, nunca nada me colgaba y sin embargo ahora parecía que todo lo hacía, así que incapaz de soportar el peso de mis pechos los deje descansar un segundo sobre la cama.

 

Así, incapaz de caminar seguí arrastrándome para salir de la cama, esto me resultaba difícil, incluso haciendo esto mi coordinación no era muy buena, sentía que mis manos estaban torpes, probablemente porque ahora mis brazos eran más cortos.

Ya fuera de la cama mientras me arrastraba por el piso recibí otra desafortunada sorpresa, pues de pronto pude sentir la humedad desde mis piernas, me estaba orinando encima.

Alan: ¡no, no, no, no….!





Esto ere de nuevo por mi falta de conocimiento de este cuerpo, yo aún no sabía controlar mi nueva vejiga y fui incapaz de contenerme, para evitar esto, tendría que pasar los siguientes días asegurándome de ir a orinar antes de tener un accidente, esto hasta que finalmente me acostumbrara a controlarme.

Aun chorreando mi orina comencé a gatear hacia el espejo de mi pared y traté de ver mi reflejo en el espejo.

Nuevamente esto se me complico, al verme mis ojos solo veían borroso.


Alna: ¡maldición… ¡, ¿¡que carajos les pasa a mis ojos!?

Tuve nuevamente que forzar mi vista para verme al espejo y al mirarme no me gusto lo que vi.

 

Alan: no…. ¡esa no puedo ser yo!

Mi cara me parecía familiar pero no identificaba de dónde.

Debía verme más claramente, así que me aproxime a un estante y poco a poco intente levantar mi gran y voluminoso cuerpo y gradualmente trate de caminar hasta el baño mientras me sujetaba de todo lo que tenía a la mano ya fuera paredes o muebles.

Aun sin querer hacerlo mire sin querer al espejo, tratando sin darme cuenta de cubrir mis pechos y mi rostro, pues mi hombría no me permitía mirarme de este modo, era demasiado humillante.

Lo que vi, no me gusto, al momento de verme me lleve las manos a la cara y la mujer en mi reflejo hiso lo mismo, copiando mis movimientos a la perfección.

Alan: ¡no, no, no, no!, ¿¡que rayos es esto!?

Aun incrédulo por lo que veía, toque el espejo y nuevamente la mujer me imito, ella se parecía… a mi… y a mi mama, tenía un cierto parecido con los dos, compartía muchas de mis facciones, pero envejecidas, tenía arrugas en el rostro e incluso el lunar que tengo en el labio.

Así mismo ella compartía un leve parecido con mi mama, tal vez por genética, dicen que si una mujer quiere saber cómo se verá al envejecer ella debe mirar a su madre y en mi caso ahora yo me veía más vieja que mi madre.

Alan: ¡nooooo!!!

Comencé a llorar, en este punto no podía contenerme, no sabía si era por el tremendo trauma de verme de este modo o por las hormonas femeninas que ahora inundaban mi cuerpo.

 

Alan: buah… ja… ja…!

Desde mi punto de vista era asqueroso, mi cuerpo era asqueroso, era una mujer, era vieja, era gorda, las tetas me colgaban y me daban repulsión, pero era mi propio cuerpo.

Mirándome al espejo intente posar como lo hacía siempre todas las mañanas, pero donde antes estaban mis bíceps bien tonificados, ahora solo estaba la piel colgante de mis brazos.

Entonces aun con la orina chorreándome entre las piernas decidí que tenía que limpiarme de inmediato.

Me dirigí con dificultad al inodoro para intentar sacar lo que me quedara de orina, me disponía a orinar y… recordé que ya no tenía un pene, si quería orinar debía hacerlo como las mujeres y eso implicaba sentarme, lo cual hice muy a mi disgusto.



Allí sentado en el inodoro me mire nuevamente viéndome borroso al principio, el repulsivo cuerpo que ahora tenía, el cuerpo de una mujer gorda y de edad madura, me parecía que estando allí sentado con mis pliegues de piel doblados me veía incluso más gorda.

Alan: dios…, ¡qué asco!

Sin saber cómo controlar mi vejiga intenté como pude orinar, pero me era muy difícil, tuve que experimentar contrayendo y relajando mis músculos hasta que por fin me salió la orina.

Al terminar me disponía a sacudirme, pero de nuevo ya no tenía pene y no me quedo de otra más que intentar secarme con un trozo de papel de baño.

 

Ahora que ya estaba limpio intenté pensar, ¿qué hacía ahora?, debía hablarles a mis padres… ¿¡realmente debía hablarles!?, era seguro que no me reconocerían, me puse a imaginar la escena, yo con este cuerpo como una mujer desnuda, extraña en su casa, con mi orina en el suelo de mi habitación, mi ropa desgarrada sobre mi cama y yo su hijo, no aparecía por ningún lado, jamás me escucharían, no de este modo, no bajo estas condiciones, de verme así, seguramente llamarían a la policía, es lo que yo habría hecho en su situación, a este paso seguramente terminaría en una prisión para mujeres o en un manicomio y ninguna de esas opciones me gustaba.

Pensé…

Alan: “tengo que huir de la casa.”

Debía salir sin que mis padres me vieran y para ello debía vestirme primero, por muy problemático que me encontraran como una mujer desnuda en mi casa, seria seguramente peor que me encontraran como una mujer desnuda en la calle.

Me dirigí como pude a mi armario y tome un poco de mi ropa, intente colocarme unos pantalones y….

Alan: ¿¡qué pasa con estas cosas que no me entran!?

 

Mi trasero era considerablemente más voluminoso y lógico mis pantalones no me quedaban adecuadamente.

Luego intente tomar una camisa y de nuevo como mis pantalones esta no me entraba, apenas y logre abrocharla y tanto los pantalones como la camisa me cortaban la circulación, parecía que explotarían al dar un solo paso.

 

Mi ropa no era una opción, no le quedaban a mi propio cuerpo, necesitaba algo que me ajustara mejor y… la única opción era la ropa de mi mama, ella y yo teníamos un cierto parecido, su ropa tal vez me entraría bien.

El problema era que para tomar la ropa de mi mama debía ir a su cuarto y tomarla sin que me vieran.

Tímidamente abrí la puerta de mi habitación y miré al pasillo, ese pasillo donde caminaba todas las mañanas ahora se veía más intimidante que nunca, más largo de lo que jamás había pensado.

 

Al mirar el pasillo pude oler los panqueques que mi madre preparaba cada mañana, ella seguramente estaba abajo, tenía la esperanza que mi padre también hubiera salido de su recamara.

Así poco a poco comencé a caminar por el pasillo apoyándome de los muros para llegar a la habitación de mis padres.

 

Abrí la puerta y….

Afortunadamente mis papas no parecían estar, afortunadamente ellos no contaban con un baño en su habitación, el cuarto con baño me lo habían dejado a mí, eso ahora jugaría a mi favor pues mi papa seguramente estaba en su baño arreglándose para el trabajo.

Ya en la recamara me dirigí al armario, allí encontraría la ropa de mi madre.

Era impensable que tendría que ponerme la ropa de mi mama para salir a la calle, solo esperaba encontrar algo relativamente discreto.

Tome la ropa interior de mi mama y… me horrorizo la expectativa de ponerme los calzones de mi madre.

Ya con los calzones puestos miré mi pecho… era horrible y pesado y por mucho que me desmotivara me di cuenta, esta cosa esta masa de grasa inútil estaba pegada a mí, era parte de mi cuerpo ahora.

Muy a mi desagrado lo toque…

Alan: ¡esto es un asco!

Allí me di cuenta de que no soportaría su peso todo el día, debía ponerme también un brasier, por mucho que eso me des agradara y así sin más opción y muy a mi disgusto me puse un brasier de mi mama que… me apretaba un poco.



Alan: ¡maldición, tengo las tetas más grandes que mi mama!

Nuevamente me miré con desagrado y pude ver que efectivamente estaba usando la ropa interior de mi mama.

 

Ahora debía usar algo de ropa exterior y esperaba no tener que ponerme una falda o un vestido, afortunadamente mientras buscaba encontré la ropa que mi madre usaba para hacer ejercicio.

Una playera rosada, unos leggings morados y un par de tenis.

 

Eso fue lo más discreto que encontré en el armario de mi madre y me lo puse incluso si la playera era rosada.

Ya vestido me disponía a salir de la habitación, tomaría algo de dinero de mis ahorros y me iría de la casa, por lo menos hasta encontrar la forma de explicarles a mis padres o regresar a la normalidad.

El problema fue que al salir de la habitación allí estaba mi padre, afortunadamente esa vez yo Salí de espalda para cerrar la puerta y mi papa no me vio la cara.

Desafortunadamente allí, con mi apariencia actual, sin que mi padre me hubiera visto la cara y con la ropa de mi madre es pensó que yo era mi mama., me toco el trasero y… me dijo.

Martin: cariño….!, Te vez bien sabrosa…!, ¿¡quieres divertirte un rato!?

Pensé…

Alan: “¿¡mierda que le digo!?”

En ese momento estaba en pánico, por un lado estaba agradecido de que no notara que yo no era mi madre, pero me asqueo que me estuviera masajeando el trasero.

Tuve que pensar rápido y le conteste.

Alan: ¡tengo mucho que hacer…. ¡Cielo!, ¡quizá…otro día!

Esa vez casi me vomito de llamarle cielo a mi papa mientras este me tocaba.

Martin: ok…. Entiendo, no estas de humor…. ¡Otra vez…! 

Tras eso me dejo en paz y se fue por el pasillo, eso estaba bien, pero significaba que no podía volver por el pasillo sin arriesgar otro encuentro con mis padres, debía encontrar otro modo de salir de la casa y el único que se me ocurrió fue por la ventana.

Entre nuevamente a la recamara de mis padres y abrí la ventana y con mucho cuidado comencé a caminar por el tejado de la casa acercándome lentamente para colgarme del techo.

Allí colgado me di cuenta de lo difícil que este esfuerzo físico me resultaba yo era mucho menos atlético que antes y mucho mas pesado.

 

Me disponía a bajar lentamente pero no soporte mi peso y caí en los arbustos torpemente.

Así, Salí con dificultad de los arbustos y comencé a correr tan rápido como pude, debía alejarme de la casa lo antes posible antes de que mis padres se percataran del desastre en mi habitación, de mi ausencia y de que había tomado la ropa de mi madre.


Allí fue que note otra terrible sensación, el tremendo dolor de ejercitarme en este cuerpo, me dolía la espalda, me quemaban los pulmones, el corazón me latía como loco y lo peor de todo, me dolían mucho las enormes tetas.

Alan: ¡ouch….!

Allí me di cuenta de que probablemente debí revisar si mi madre tenía un sostén deportivo.

Mientras tanto, sin que yo lo supiera en ese momento, en casa, una siniestra criatura se encontraba en mi puerta para terminar su trabajo.

Tock… tock… tock…

Martin: ¡si…!

Jinn: ¡hola señora!, ¿puedo pasar?

Martin: ¿¡señora!?



Fin del capítulo 4

2 comentarios:

  1. Me alegro que vuelvas a publicar tus historias , mis favoritas fueron joven otra vez y la gemela de mi madre solo una consulta terminarás infectado??? Y también me preguntó si harás más historias donde padres se vuelven en lindas chicas adolescentes?? ya que esa es mi temática favorita ;)

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    1. Si, de echo estoy trabajando en una historia con esa temática y ya tengo muchas de las imágenes y gran parte de la historia, pero estoy haciéndolas animaciones y eso lleva tiempo, probablemente empiece a publicarla esta semana.

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